El año que morimos peligrosamente

José María López cuenta a corazón abierto en esta emotiva carta la dura situación que vive la ganadería brava.
José María López, un trabajador incansable, un modelo de esfuerzo.

Nos estamos muriendo y no damos ni pena, y no es que piense que el toreo deba darla, muy al contrario, pero estamos relegados al ostracismo más absoluto sin un solo médico que nos atienda.

Me refiero a la tauromaquia, a esa gallina de los huevos de oro, que desde hace tiempo solo da huevos de hojalata y parece que nos conformamos con una lenta desaparición progresiva. La puntilla va a ser esta terrible pandemia que tanto daño está haciendo a nuestras vidas y al tejido económico de un país “ingobernado” y que en el caso del toreo va a ser solo la gota que colma el vaso.

Desde niño soñé con ser torero, cuando ser torero era algo muy grande, lideré el escalafón de novilleros en el año 2005 y después de tomar la alternativa, algunas cornadas y las circunstancias me hicieron abandonar y dedicarme al negocio familiar de la ganadería. Después de mucho esfuerzo he conseguido reunir una punta de vacas muy seleccionada y poco a poco ir consiguiendo metas en esta aventura de ser ganadero. Paralelamente he logrado seleccionar una parada de bueyes con el hierro de “El Uno” de la que me siento muy orgulloso. Hoy pastan en casa más de 400 vacas, 800 machos y alrededor de 120 bueyes. Pero no tengo ni para echarles de comer y, lo peor, no sé si voy a poder dar de comer a mi familia en unas semanas. Cuido a cada animal como si de mi familia se tratara; heredé la obsesión por mi padre de tenerlos “gordos y sanos”, pero el túnel sigue oscuro y nadie parece que vaya a dar la luz.

La tauromaquia, esa gallina de los huevos de oro, que desde hace tiempo solo da huevos de hojalata y parece que nos conformamos con su lenta desaparición progresiva.

Me levanto cada mañana hundido, sin ánimo de nada, pero con la necesidad moral de cuidar y dar de comer a los animales en la finca que con mucho esfuerzo compró mi padre hace ya más de 30 años y por la que velamos con cariño. A veces me siento un “Jesucristo” tratando de repartir el pienso como el creador repartía los panes y los peces. Mientras, el whatsapp suena con mensajes de los acreedores en la misma situación que yo y ya no sé qué decirles. El Estado nos ha abandonado, nos ha prohibido, no se pueden dar espectáculos populares, las corridas de toros se están celebrando en condiciones precarias y mientras tanto el sector permanece callado, callado y avergonzado. Pero no soy el único, hay banderilleros que tienen que ir a comedores sociales para que sus hijos coman y ante eso, ¿qué?

Toros de El Uno acuden a la llamada del pienso en «El Maquilón»

Hemos paseado por todas las ciudades de España, nos han recibido algunos “segundos espadas” a modo de miseria y seguimos con miedo a dar un paso de verdad para defender nuestra vida, nuestro pasado y, sobre todo, nuestro futuro. ¿Dónde están las grandes casas empresariales que durante años se han enriquecido? ¿Y las grandes figuras del toreo que gracias al toro y a sus esfuerzos gozan de una posición privilegiada? ¿O esos políticos que te empujan para salir en una foto o en un callejón? Es el momento de tomar medidas drásticas, pero drásticas en bloque y con acciones masivas. La última “cornada” nos la ha dado el abanderado de la defensa de la Fiesta García Page rechazando las ayudas directas solicitadas a la ganadería de lidia, como en tantas otras razas se dan. ¡Que nuestros animales se mueren de hambre!

Es el momento de tomar medidas drásticas, pero drásticas en bloque y con acciones masivas.

Su excusa ha sido que “subvenciona” la retransmisión de festejos. No me haga hablar sr. Presidente, que sobre ellos podríamos hacerlo largo y tendido. No hace tantos años la cadena que usted respalda salió muy perjudicada en el “affaire” Romero Leal y quizá vayamos camino de situaciones similares… En cualquier caso, el principal motivo por el que está retransmitiendo festejos es que las audiencias le respaldan y los números también, pero demagogia no, por favor. No es momento de ponerse medallas.

Basta ya de hacer el ridículo con miniescraches destemplados o en convocatorias sin convocatoria. Demos un paso al frente, un paso de verdad. Nos estamos muriendo. Muramos con las botas puestas al menos.

Yo doy un paso al frente: nuestras familias, el pasado de la tauromaquia, los que dieron su vida por ella y la responsabilidad de garantizar su futuro lo merecen. ¿Quién me apoya?

José María López

Ganadería El Uno

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